jueves, 18 de abril de 2013


Se encuentra emparentado con el odio, el resentimiento, el espíritu de venganza y todo otro sentimiento destinado a infligir sufrimiento a quien lo padece y sin resolver el problema que lo ocasionó. Si alguien nos ha querido lastimar intencionalmente, a través del rencor o el odio, estaremos permitiéndole instalarse dentro nuestro y continuar torturándonos enforma sistemática todo el tiempo que dichos sentimientos perduren. Si sentimos rencor es porque hemos sido heridos en nuestro ego o dañados emocionalmente de alguna manera, agregando a veces la sensación de decepción respecto de la persona que nos ha ofendido. Esto pareciera provocar suficiente sufrimiento en nosotros ¿Con qué motivo podríamos desear agregar más pesar a nuestro dolor? Sólo por desconocimiento. ¡Entonces enterémonos!
                                                              
Todo sentimiento negativo que no se aclara o no se habla, se vuelve contra nosotros mismos y nos afecta.
Las personas se manejan con sus propios valores que no siempre coinciden con los valores de los demás. Lo que a algunos les puede parecer una grave ofensa, otros pueden interpretarlo de otro modo y considerarlo algo sin importancia y natural.
Todos cometemos errores y no siempre con un propósito intencional, porque las circunstancias, la ignorancia o la inconciencia pueden llevarnos a tomar las decisiones incorrectas y perjudicar a otros.
Muchos defraudan a sus amigos e incluso a sus padres, hermanos, cónyuges o hijos; y cada ofensa puede convertirse en un profundo dolor y en una herida que nunca cicatriza.


 El dolor emocional que alguien nos haya causado, lo causó en el presente. No atormentemos nuestro espíritu prolongando a través del rencor un dolor que no hemos originado. Intentemos comprender aun lo incomprensible a nuestra mente con la sabiduría de entender que también lo que no comprendamos tiene su explicación. Entonces podremos liberarnos y liberar a quien nos da


                                                                            El rencor
Se encuentra emparentado con el odio, el resentimiento, el espíritu de venganza y todo otro sentimiento destinado a infligir sufrimiento a quien lo padece y sin resolver el problema que lo ocasionó. Si alguien nos ha querido lastimar intencionalmente, a través del rencor o el odio, estaremos mintiéndole instalarse dentro nuestro y continuar torturándonos en forma sistemática todo el tiempo que dichos sentimientos perduren. Si sentimos rencor es porque hemos sido heridos en nuestro ego o dañados emocionalmente de alguna manera, agregando a veces la sensación de decepción respecto de la persona que nos ha ofendido. Esto pareciera provocar suficiente sufrimiento en nosotros ¿Con qué motivo podríamos desear agregar más pesar a nuestro dolor? Sólo por desconocimiento. ¡Entonces enterémonos!
                                                              
Todo sentimiento negativo que no se aclara o no se habla, se vuelve contra nosotros mismos y nos afecta.
Las personas se manejan con sus propios valores que no siempre coinciden con los valores de los demás. Lo que a algunos les puede parecer una grave ofensa, otros pueden interpretarlo de otro modo y considerarlo algo sin importancia y natural.
Todos cometemos errores y no siempre con un propósito intencional, porque las circunstancias, la ignorancia o la in conciencia pueden llevarnos a tomar las decisiones incorrectas y perjudicar a otros.
Muchos defraudan a sus amigos e incluso a sus padres, hermanos, cónyuges o hijos; y cada ofensa puede convertirse en un profundo dolor y en una herida que nunca cicatriza.


 El dolor emocional que alguien nos haya causado, lo causó en el presente. No atormentemos nuestro espíritu prolongando a través del rencor un dolor que no hemos originado. Intentemos comprender aun lo incomprensible a nuestra mente con la sabiduría de entender que también lo que no comprendamos tiene su explicación. Entonces podremos liberarnos y liberar a quien nos da