Se encuentra emparentado con el odio, el
resentimiento, el espíritu de venganza y todo otro sentimiento destinado a
infligir sufrimiento a quien lo padece y sin resolver el problema que lo
ocasionó. Si alguien nos ha querido lastimar
intencionalmente, a través del rencor o el odio, estaremos permitiéndole instalarse dentro nuestro y continuar torturándonos enforma sistemática todo el tiempo que dichos
sentimientos perduren. Si sentimos rencor es porque hemos sido heridos
en nuestro ego o dañados emocionalmente
de alguna manera, agregando a veces la sensación de decepción respecto
de la persona que nos ha ofendido. Esto pareciera provocar suficiente
sufrimiento en nosotros ¿Con qué motivo podríamos desear agregar más pesar a
nuestro dolor? Sólo por desconocimiento.
¡Entonces enterémonos!
Todo sentimiento
negativo que no se aclara o no se habla,
se vuelve contra nosotros mismos y nos afecta.
Las personas se
manejan con sus propios valores que no siempre coinciden con los valores de los
demás. Lo que a algunos les puede parecer una grave ofensa, otros pueden
interpretarlo de otro modo y considerarlo algo sin importancia y natural.
Todos cometemos errores y no siempre con un propósito intencional, porque
las circunstancias, la ignorancia o la inconciencia pueden llevarnos a tomar
las decisiones incorrectas y perjudicar a otros.
Muchos defraudan a sus amigos e incluso a sus padres, hermanos, cónyuges o
hijos; y cada ofensa puede convertirse en un profundo dolor y en una herida que
nunca cicatriza.
El dolor emocional que alguien nos haya causado, lo causó en el presente. No atormentemos nuestro espíritu prolongando a través del rencor un dolor que no hemos originado. Intentemos comprender aun lo incomprensible a nuestra mente con la sabiduría de entender que también lo que no comprendamos tiene su explicación. Entonces podremos liberarnos y liberar a quien nos da